Alejandra Fellner

Mi nombre es Alejandra Fellner y cuando me invitaron a contar mi historia me puse a pensar que era una linda oportunidad para repasar las cosas maravillosas que habían pasado en mi vida y que, quizás, esto también inspire a otras personas en su camino.

A los 28 años y de una forma muy singular, confirmé mi gran sospecha que tuve desde siempre y que nunca quise, quizás inconscientemente, enfrentar. Pero creo que lo hice en el momento indicado ya que estaba con la persona adecuada. Hablo de mi marido Leandro, que fue y es un bastión importante en mi vida.
Hasta ese momento la historia que tenía construida sobre mí y sobre mi pasado era lo que me habían contado mis padres, en pocas palabras: había nacido en el sur por motivos laborales de mi papá, no tenía fotos de bebé porque se habían destruido en un accidente de auto, en el cual, también había perdido los dos dedos de mi mano izquierda, yo solo tenía parecidos a familiares lejanos ya fallecidos y otros pormenores.

Es muy difícil explicar en pocas líneas la secuencia de cosas “mágicas” y coincidencias que fueron pasando, pero voy a resumirlo. Luego de un sueño, cuando desperté de una siesta, surgió en mi mente el nombre de una persona. Algo como “Marta Kim”. Ese fue el punto de partida de este proceso. En ese mismo momento llamé a mi padre, Marcelo, y le pregunté si le sonaba familiar este nombre. Al principio lo negó pero luego reconoció que conocían a Marta “de una iglesia”.

Su respuesta no me resultó del todo convincente y algo en mi interior me empujaba a descubrir realmente quién era Marta porque yo seguía sintiendo que había algo que aclarar en mi vida. A partir de ahí, nos pusimos en campaña para poder llegar a ella. Mi papá me había dicho el nombre de la iglesia y yo había dejado un mensaje para Marta. Casualmente ese día la persona que me atendió era el hijo de una amiga de Marta y sabía que ella tenía un hogar, pero no asistía ya a esa iglesia. Si me hubiera atendido otra persona quizás nunca la hubiese ubicado!

Todavía me acuerdo caminando con Leandro por Diagonal Norte pensando cómo íbamos a hacer para contactarla cuando de pronto recibí un llamado al celular y era Marta Aquim, respondiendo mi mensaje. Aún recuerdo la emoción cuando me reconoció y me dijo “Alejandrita, nunca más supe de vos!” Quedamos en ir a visitarla al hogar el sábado siguiente.

Para resumir un poco la historia, luego de hablar con Marta insistí con mi papá sobre mi origen tratando de aclarar “esas dudas”. Finalmente, mi padre me confirmó que era adoptada.

Luego, tenía que hablar con mi madre, Delia, lo cual fue un poco difícil, ya que el tema para ella era muy duro de afrontar. Era una verdad oculta durante tantos años cargada de temores en cuanto a mi reacción. Fue una situación muy dolorosa, creo que para ambas. Esa noche fue muy triste. Lloré mucho, muchísimo, porque, en el fondo, me hubiera gustado que mis sospechas no hubieran sido verdad. Sin embargo, pasado el mal momento, sentí como un renacer de las cenizas y estaba totalmente decidida a seguir averiguando sobre mí historia.

Y llegó el sábado, el día del encuentro con Marta. Qué nervios! Sacamos varias fotos de todo el viaje hasta Hurlingham en un intento de documentar el proceso. Y ahí estaba Marta, esperándonos con su sonrisa y un abrazo interminable.

Ale Fellner4Me contó un poco sobre mi llegada del Sur a Buenos Aires. El nexo había sido un doctor en cuya casa, en el sur, yo estuve viviendo con su familia por algunos meses. Que emoción ver fotos de mi arribo al hogar y de mi estadía. Saber que soy de origen Mapuche y que por eso nací en Lago Rosario, una comunidad Mapuche. Reconstruir de a poco mí historia: eso fue un bálsamo para mí en ese momento. Saber quién era yo antes de ser adoptada a la edad de 4 años, antes de ser Alejandra Fellner. Todo esto permitió también mejorar la relación con mis padres. Con la verdad sobre la mesa ya todos entendíamos los caminos que habían tomado nuestras vidas. Esto me ayudó, en especial, para mejorar la relación con mi madre antes de morir.
Luego de visitar a Marta “rastreamos” al doctor donde yo pasé mis primeros tiempos y fuimos a verlo. En ese tiempo justo estaba en su casa en Buenos Aires. Fue otro momento muy lindo!

En 2009 nos enteramos que estábamos esperando a nuestra amada hija Martina y decidí que era el momento para conocer dónde había nacido. En esas vacaciones, embarazada de casi 3 meses, fuimos al Sur y visitamos Lago Rosario. Primero pasamos por la casa del doctor quien nos orientó y ayudó a llegar a mi madre biológica. Fue una experiencia shockeante y curativa sobretodo porque luego de caminar varios kilómetros hasta su casa finalmente la conocí. En ese momento comenzaron a encajar varias piezas del rompecabezas: vi el lugar exacto donde había nacido y vi a quién me parecía, entendí por qué no tenía fotos de bebé, me enteré que perdí los dedos en un accidente doméstico con un brasero, que tenía un hermano biológico que había fallecido y varias medias-hermanas.

Mi madre biológica me contó por qué me había dado en adopción. En el fondo, lo hizo porque me amaba. Y esa decisión me permitió tener otra historia de vida de la cual estoy completamente agradecida.

El 2009 fue un año movilizador: conocí a mi madre biológica y estuve en el lugar donde nací, allí “lejos en el mundo”, “perdido en la montaña”. En 2009 falleció mi padre Marcelo, persona a la cual amé con todo mi corazón y fue quién siempre me apoyó y cuidó incondicionalmente. También nació nuestra amada hija.
Hoy, estamos transitando nuevos desafíos en Estados Unidos con la esperanza de seguir creciendo y apostar a un futuro mejor.

Opino que “ser adoptado” no es más que un rótulo. Lo importante es que la persona tenga el derecho a saber su historia desde chico y no tenga que cargar con el peso extra y el vacío de no tener en claro su origen.

Siempre le agradezco a Dios por todas las personas que puso en mi camino y que me cuidaron, ayudaron y amaron.
Soy una bendecida!